DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL.

A propósito de la salud mental, cada 10 de octubre se celebra por parte de la Organización Mundial de la Salud, el día mundial de la salud mental, este año, atravesamos dicha fecha en medio de una pandemia que nos ha dejado un sinfín de consecuencias, entre esas, un quebranto importante de salud mental a nivel global.

Este año, junto a la Federación Mundial de la Salud, el tema que centra dicha celebración es la “Salud Mental en el Trabajo” Pues se ha evidenciado que uno de cada cinco trabajadores puede padecer problemas de salud mental, además, uno de los principales síntomas que presentan los trabajadores aquejados por un quebranto de salud mental, es la depresión, y sólo esta, es la principal causa de productividad perdida, ausencia por enfermedad y retiro prematuro. Es importante tener esto presente ya que es habitual que las personas con problemas mentales, oculten sus síntomas por miedo al rechazo o a la discriminación.

Crecimos en una sociedad donde es común escuchar frases como “no llores”, “no estés triste”, “¿en serio te vas a poner así por eso?” entre otras varias frases con contenido similar… Crecimos incluso creyendo que el llorar y el sentir es exclusivo de las mujeres y cualquier hombre que ose de exteriorizar sus sentimientos “no es tan hombre que digamos” porque por más años de evolución que tengamos, la mentalidad machista y misógina sigue haciendo parte de nuestro discurso diario, incluso cuando no queremos formar parte de él. Crecimos creyendo que existen sentimientos “buenos y malos” pues sentir felicidad está bien, pero sentir tristeza es el acabose, por tal razón, evitamos todo para sentirla y creemos que el minimizar dicho sentimiento va a hacer que desaparezca, y si, en muchos casos funciona, pero lastimosamente, no es el caso de todos.

Evidentemente sentir determinado tipo de emociones como la frustración, la ira y la tristeza, entre otras, nos hace sentir incómodos, pero ocultarlas no nos va a liberar. Reprimir estas emociones, en muchos casos desencadena comportamientos compulsivos; insomnio, desbalances en la comida (comer en extremo o dejar de comer), hipersensibilidad pueden llegar a hacer parte de nuestra cotidianidad y pasamos desapercibido porque “eso les pasa a otros y no a mí”.

Tomar consciencia de nuestras emociones y actuar para poder llevar un estilo de vida con una salud mental adecuada no nos hace menos personas, al contrario, entender que somos seres humanos que sentimos, sufrimos y tenemos momentos donde podemos caer, nos hace cada día más extraordinarios, pues son pocos los que tienen un nivel de introspección óptimo para poder llegar a dichas conclusiones. Pedir ayuda nunca es malo, pues existen momentos donde el peso de la vida puede ser tanto que incluso, de quien menos se espera puede lanzarnos un salvavidas del tamaño del sol.

Si, efectivamente, el covid trajo un sinfín de consecuencias negativas, nos enfrentamos como población a una situación nunca antes vista en vida. Afrontamos de primera mano la desesperanza, la frustración, la pérdida incluso de seres queridos, el encierro, entre mil cosas más que estamos cansados de leer. Se puso de moda el “reinventarse” y la tecnología se nos volvió nuestra mejor amiga, entendimos el poder que tiene un abrazo, pues sólo estando encerrados tantos meses, comprendimos el valor real de la familia.

Y sí ya tenemos tan claras las consecuencias negativas que trajo consigo el covid, ¿por qué no le damos la vuelta a la página y empezamos a nombrar y a hacer parte de nuestras conversaciones lo positivo de toda esta situación? ¿Por qué no empezamos poniendo en práctica la tan sonada “empatía” y empezamos a ponernos en la situación y en el lugar de nuestro par?

Empecemos a hacer de este mundo un lugar mucho más fácil de habitar, entendamos que como seres individuales podemos lograr muchas cosas, pero en equipo la gran mayoría de las cosas son más fáciles. Ayudemos. Ayudemos porque no sabemos el día de mañana sí seamos nosotros quienes necesitemos ayuda y entendamos que para nosotros “esto es algo insignificante” pero para el otro “eso es el fin del mundo” y está bien. Minimizar e intentar invalidar los problemas de los otros no es la solución, ser empáticos y comprender que cada quien lucha sus propias batallas, es el camino adecuado para empezar a ayudar a construir un lugar donde prima la buena salud mental.

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