El papel de las redes sociales en la salud mental de la sociedad.

Hace poco tuve la oportunidad de ver un documental en Netflix que llamó inmediatamente mi atención, se titula “el dilema de las redes sociales”, es ese tipo de contenido que quisieras compartir con todas las personas posibles, pues, los temas tratados allí son de interés en general; entre tantos tópicos centré mi atención en el rol que juegan las redes sociales en la salud mental de todos quienes consumimos cualquier tipo de aplicación en internet, pues es evidente que existe un antes y un después desde que en nuestra cotidianidad existe el fácil acceso a las mismas.

¿Cuál es el gran problema que nos plantea el uso de redes sociales? Inicialmente me gustaría aclarar que aquí no hay héroes ni villanos, pues las ventajas y beneficios que nos brinda y ha traído consigo el internet son inmensas, pero los puntos negativos también juegan un factor importante en esta ecuación.

Es casi imposible pensar que en el 2020 alguien no tenga cuenta de Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat, Gmail, Linkedin o incluso, la más sonada este año, Tik Tok. Y es precisamente este el punto de partida donde surgen los problemas relacionados con la salud mental.

¿Cuánto tiempo dedicamos diariamente al uso de estas redes? Siendo honestos, actualmente, parece que nos aisláramos en una burbuja gracias a la tecnología, ya que hicimos del teléfono celular parte indispensable de nuestra vida y en muchas ocasiones, hacemos de este, un accesorio imprescindible en nuestro día a día.

Pero, ¿Por qué estamos tanto tiempo en redes y qué nos atrae tanto de ellas? En el documental nombrado anteriormente hicieron de los magos una referencia que me fascinó, ya que señalaban que los magos fueron los primeros psicólogos y psiquiatras existentes, pues fueron ellos los primeros en comprender la mente humana, ya que, por medio de su ejercicio, experimentan con la mente del ser humano en vivo y en directo, me explico: Un mago comprende una parte de nosotros de la cual no nos percatamos, y desde esta perspectiva se basa en su gran mayoría las redes sociales, ya que al consumirlas, los creadores de estas misma están en un constante cuestionamiento sobre “¿Cómo usar lo que sabemos de los consumidores para luego convertirlo en tecnología que sea atractiva para ellos?”. En Psicología hay algo llamado “Reforzamiento positivo intermitente” consiste en que una conducta, cada vez que sea ejecutada recibe un premio o un castigo, el comportamiento es reforzado sí se tiene un estímulo positivo o se extingue sí la respuesta es del signo negativo. ¿Qué pasa entonces, sí la respuesta obtenida ante una acción determinada se vuelve impredecible? Es decir, en algunos casos recibes lo que quieres y en otros casos la respuesta es totalmente inesperada. Sencillo, progresivamente una persona genera una adicción o se vuelve dependiente a aquella fuente. Y es precisamente eso lo que hace que gastemos tantas horas en una red social; un ejemplo sencillo: Instagram. Siempre que deslizamos hacia arriba para refrescar el “feed” encontramos sugerencias que son afines a nuestros gustos, pero en otras ocasiones, Instagram nos sugiere material totalmente diferente, pero, que casualmente, llama nuestra atención, pues lastimosamente nos programan desde un nivel tan profundo que no nos damos cuenta.

Nos hemos puesto en algún momento a pensar, ¿Cuánta vida le estamos entregando a nuestro celular y cuánta vida le estamos negando a nuestros seres más cercanos?

Actualmente, en el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, APA) se encuentra el TDC (Trastorno dismórfico corporal), en pocas palabras, es un trastorno mental caracterizado por la preocupación obsesiva por un defecto en las características físicas, dichas imperfecciones pueden ser mínimas o incluso, imaginarias, sin embargo, la persona puede pasar horas en su día a día intentando corregirlas, por esta misma razón, la persona que padezca de TDC puede desencadenar síntomas ansiosos y depresivos severos. Hoy en día, sí bien no se encuentra agregado en el DSM, los psicólogos y psiquiatras en el mundo ya empiezan a hablar del “Trastorno dismórfico de Snapchat o Dismorfia Snapchat” Pues cada día son más los pacientes que consultan por no poder cumplir su deseo de parecerse realmente a las selfies que publican con los filtros de Snapchat o Instagram.

Edward Tufte, profesor de la Universidad de Yale citó una frase que a mi parecer es muy poderosa, pues presenta un sinfín de cuestionamientos. “Sólo hay dos industrias que llaman usuarios a sus clientes, el narcotráfico y la tecnología”.

Actualmente el aumento de depresión en los adolescentes norteamericanos aumentó en un 62% y un 189% en los preadolescentes, igualmente, las tazas de suicidio se han disparado alarmantemente. La generación Z, los niños nacidos después de 1996, son los primeros en tener acceso a redes sociales desde que están en el colegio, haciendo de estos una generación más ansiosa y depresiva.

Como dije anteriormente, no podemos satanizar algo que nos ha traído tantos beneficios, no podemos negar que la tecnología nos ha ayudado, por ejemplo, en sentirnos más cerca de nuestros seres queridos cuando los kilómetros están de por medio, pero a su vez, es un arma de doble filo, ya que llegamos al punto donde no somos nosotros quienes usamos la tecnología, sino ella la que nos usa a nosotros.

Melissa Andrea Delgado Mora

Instagram: melidelgadom13

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