Las auto exigencias del mundo moderno.

Vivimos en un mundo donde en muchas ocasiones sobresale el mejor, donde tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos para poder resaltar y salir adelante, sin embargo, el mundo moderno nos pone en una encrucijada muchas veces donde eres el mejor o no sirves, es aquí donde empieza a desarrollarse en nosotros la auto exigencia, que sí bien es buena en determinados momentos, como todo, llevada el extremo puede convertirse en nuestro gran enemigo. Auto exigirnos de manera exagerada puede convertirse en ese jefe tóxico que nos hace trabajar horas extras sin pagarlas, con la única diferencia que ese jefe, somos nosotros mismos.

Muchas de las auto exigencias que nos ponemos nosotros mismos, inconscientemente vienen de los roles de género, es decir, aquí se engloban todos los comportamientos, hábitos y preferencias que se esperan de nosotros sólo por el hecho de haber nacido hombres o mujeres. Desde que nacemos, desde que existimos ya estamos siendo etiquetados, por tanto, llegamos con estas etiquetas que nos llegan a abrumar ya que, finalmente tenemos que estar a la altura de la expectativa que tienen de nosotros. En el caso de una mujer, muchas veces se logra ser una gran profesional, pero se queda estancada en ese “No he tenido tiempo de ser madre” como sí el fin último de toda mujer, sólo por ser mujer, es ser madre. O incluso, mujeres con 30 años o más, preocupadas porque ya “las dejó el tren” y tienen la presión familiar encima de no tener un esposo y un hijo como la sociedad lo demanda. Porque finalmente es esto, etiquetas y prejuicios sociales que lo único que hacen es hacer daño, como sí cada uno de nosotros respondiera como robot a determinadas exigencias y tuviéramos que comportarnos y ser como un molde, como sí la libertad de expresión y pensamiento hubiesen pasado por el lado.

Sin ser feminista, las auto exigencias consumen tanto los pensamientos de las mujeres que, en estadísticas está demostrado que quienes desarrollan más sintomatología ansiosa somos las mujeres, sin embargo, es evidente que de esto no se escapa nadie, es aquí también donde vemos a los hombres y su típico rechazo a expresar emociones y sentimientos porque claro, un hombre siempre debe mostrarse “fuerte” como sí ser fuerte significara invalidar todo aquello que sentimos.

Las distorsiones cognitivas más comunes en el exceso de auto exigencia son:

  1.  La comparación, cuando en todo momento estamos viendo a otro como nuestra competencia directa, y nunca es suficiente lo que hacemos, sentimos o decimos.
  2. Fijación en lo negativo, cuando pudimos haber entregado un trabajo excelente y saber en el fondo que hicimos un esfuerzo grande, sin embargo, nos fijamos en ese lunar o punto y empiezan pensamientos como “Pude haber entregado un mejor trabajo”
  3. Anulación, con el mismo ejemplo anterior de la entrega de un trabajo, aquí la situación es un poco más extrema, pues sabemos que le dedicamos tiempo, esfuerzo y finalmente decimos “Todo lo que hice, está mal”
  4. Finalmente, la culpa. Sentimos que estamos fallando en algún “rol” exigido por la sociedad, al cumplir otro rol. Aquí se presenta la mujer trabajadora que le dedica mucho tiempo a su carrera y trabajo y pone como último en la lista la posibilidad de formar una familia.

Finalmente, debemos recordar que estas son unas exigencias meramente sociales, que no debemos seguir un modelo ya que nada establecido previamente es lo correcto, pues nadie diferente a nosotros mismos sabemos qué nos hace bien y hacia dónde queremos encaminar nuestra vida. Lo mejor que podemos hacer en caso que percibamos que tenemos alguna de estas conductas (o todas) es cuestionarnos lo que los demás nos exigen, es realizar un proceso de deconstrucción, romper con todo lo que nos enseñaron que era “correcto” y con ello construir algo nuevo, algo que lleve nuestro propio análisis y nos haga sentido a nosotros mismos. Bajarle a las comparaciones tóxicas, pues compararse para mejorar y ponerse metas está bien, el problema es cuando estas exigencias se vuelven un “policía” que indica cómo debemos hacer las cosas. Hacer las paces con nuestros miedos, a veces huimos al equivocarnos y a fracasar; el querer hacer todo perfecto y sin errores hace que las cosas no fluyan de manera natural. Por último, dejar atrás la auto exigencia es volvernos más sensibles, conscientes y responsables de nuestra existencia, es un trabajo diario y constante que nos enseña la auto compasión, la tolerancia y el amor propio.

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