¿Víctima de gaslighting?

Con el paso de los años, los seres humanos aprendemos y adquirimos habilidades y conocimientos que no teníamos anteriormente, le ponemos nombres a enfermedades nuevas o recién descubiertas, a nuevos deportes, a nuevos lugares, etc. Esta vez, quiero hablar del “Gaslighting”, un término que para algunos es totalmente nuevo, para otros (millenials, quizá) entenderán.

El gaslighting es lo que anteriormente conocíamos como abuso o violencia emocional y/o psicológico, esta es una forma de violencia en donde no hay un abuso físico ni golpes, pero donde sentimos que nos rompen de manera emocional, haciéndonos dudar de nosotros, de nuestra percepción, juicio y memoria.

Aunque puede suceder en cualquier tipo de relación, bien sea familiar, relación de amistad, laboral, se va a centrar un poco más en las relaciones afectivas de pareja. Es importante decir que, aunque cualquier persona puede ser víctima, las principales víctimas de este tipo de abuso, somos las mujeres.

¿Cómo identificar que estás siendo víctima de gaslighting? Lo primero, es que el abusador, en este caso la pareja, constantemente realiza comentarios hirientes, nos hace sentir que siempre estamos cometiendo un error, nos hace sentir inseguros y no somos capaces de poner límites porque finalmente, no nos estamos dando cuenta que estamos siendo manipulados. El abusador habitualmente nos hará sentir que somos eres el problema y que somos nosotros quienes nos estamos equivocando y no estamos haciendo las cosas bien. Escucharemos comentarios frecuentes como: “Estás exagerando, yo nunca dije eso, muéstrame las pruebas”, “No seas dramático-a” o el tan famoso “Estás loco-a, eso nunca pasó”.

Generalmente, cuando confrontamos a este tipo de abusadores, nos desvían el tema con comentarios parecidos a “No empieces, hoy tuve un día muy pesado”, además, siempre minimizará sus abusos y nos dirá que agrandamos la situación.  Evidentemente habrán días buenos, y son precisamente estos los más peligrosos, pues empiezamos a tener falsas esperanzas ya que creemos que estamos en la cúspide del amor y al otro día mágicamente sentimos que no significamos nada para la otra persona, entonces empezamos una relación donde debemos ceder a todo y no es precisamente algo muto. Es en este punto donde empiezan aquellas relaciones que todos en algún momento hemos conocido, aquellas donde terminan y vuelven una vez por semana, aquella donde existe todo, menos la palabra compromiso.

El problema con el gaslighting es que la víctima se empieza a sentir confundida e incluso, puede empezar a padecer síntomas depresivos, pues generalmente la autopercepción y autoestima son los primeros juicios y valores que se ven afectados, la persona empieza a sentirse poco importante y se empieza a perder en el otro, es decir, empieza a perder su esencia, para evitar problemas con su pareja, es aquí donde empiezan a desencadenarse los problemas emocionales y psicológicos.

Generalmente es muy complicado darse cuenta que se está siendo víctima del gaslighting o abuso emocional porque se está mirando bajo los ojos del amor, porque generalmente, este tipo de relaciones generan un nivel de apego emocional inmenso, donde se llega el punto en que los dos saben que no están bien pero no pueden separarse.

¿Cómo identificar entonces, que estamos siendo víctima del gaslighting? Primero, generalmente comenzamos a dudar de nosotros, comenzamos a hacernos preguntas como “¿Será que realmente soy yo el problema, será que si estoy exagerando?, comenzamos a sentirnos insuficientes y hagamos lo que hagamos nada será suficiente para esa persona, cada vez nos cuesta más trabajo tomar nuestras propias decisiones y le damos el poder a la otra persona que decida por nosotros, para evitar problemas o “para estar bien”, comenzamos a sentirnos con una sensación de vacío y empezamos a sentir que nos estamos perdiendo y que no somos el-la mismo-a

El qué hacer es algo complejo, pues inicialmente cuesta mucho trabajo descifrar que estamos siendo víctima de violencia o abuso, lo más importante es analizar la relación: ¿Estoy siendo feliz? Creo que sería el primer interrogante que nos deberíamos hacer en caso de sospecha de abuso, confiar en lo que sentimos y en nuestra percepción es algo básico, pues quien, sino nosotros mismos para conocernos y saber qué sentimos en realidad, tomar consciencia de nuestros límites, pues a veces erróneamente creemos que todo es emocional, porque nos enfrascamos en que el “amor” todo lo puede y evidentemente así no es, debemos apoyarnos en nuestra red de apoyo, familia y amigos, y si finalmente todos coinciden en que algo cambió, debe ser por algo, y si finalmente, nos damos cuenta que no podemos salir de ahí pese a saber que no estamos haciendo lo correcto, lo mejor es acudir con un especialista en salud mental.

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